Siempre en verano desempolvábamos las bicicletas sin
saberlo, poco a poco con pedaleada tras pedaleada; la casa de Porta de techo tan
altos, paredes interminables y colores agudos, la casa era pequeña en
comparación a otras de Miraflores de la misma época, las rejas altas de la
entrada flanqueadas por dos columnas macizas, el pequeño patio de entrada, dos
jardines siempre con plantas, las paredes del patio con zócalo alto azul y
después blanco hasta el techo, las ventanas tan disonantes con marco de aluminio
entre tanta majestuosidad de quincha adobe y madera, todo siempre en su lugar,
la puerta de entrada tan alta como las paredes, con el mas peculiar sonido de
cierre, como si la bondad de la chapa nos diera la bienvenida, un amable
“click” que hoy retumba entre el eco de la casa vacía y que cada vez que cierro
me regala un viaje a aquella época de colores fuertes y paredes altas.
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