Éramos tres hermanos, criados por la misma mano, bajo el
mismo techo con la misma ropa, cada cual con su cariño, con el amor de los
pasos de cada noche de insomnio cuando como solo un padre comprendería se
terminan los números de tanto contar los pasos con el hijo cargado haciéndolo
dormir, para mi, con mis hijos no es
solo el esfuerzo, es un honor, es la hora en la que puedo regresar el tiempo y
apachurrar a mis hijos cuando ya dormidos en mis brazos, los miro, huelo sus
cabezas y beso sus frentes.
Imagino a mi padre haciendo lo mismo, no hay forma de criar
bien sin cargar, si oler sin amar y Octavio nos amó, dejándose traicionar al
final de la vida por sus temores que invadieron su mente y lo convirtieron en
quien dejó de ser el día que se fue.
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